DOS GRANDES CAUCES DE LA LITERATURA (1)
Fabio Gómez Cardona
Introducción
Una revisión sumaria de los principales textos, manuales, historias y obras generales de divulgación sobre la literatura colombiana (2) nos enfrenta con la evidencia, por una parte, de que la temática relativa al mundo indígena, sus tradiciones narrativas, sus cosmovisiones y su presencia en la producción literaria de los autores colombianos, no ha sido suficientemente estudiada por la crítica literaria colombiana. De esta manera podría pensarse equivocadamente en la inexistencia de una literatura indígena o indigenista en Colombia.(3) Por otra parte y aunque parezca contradictorio, estos mismos manuales evidencian y mencionan unos contados casos, casi excepcionales, de autores que han abordado en su producción literaria, ya sea novelística, poética o dramática, como tema, como objeto literario, o como motivo principal de su obra al indio y su mundo.(4)
“Aunque en un principio la crítica se mostró remisa a ocuparse de textos amerindios y a menudo los relegaba al estudio de la antropología, la etnología, la historia, etc., sin tener en cuenta su carácter literario, hoy en día se les concede su justo valor y son lectura obligada por constituir las primeras muestras de lo autóctono americano, ajeno a la tradición de occidente y, por tanto, el verdadero origen de nuestra literatura. Este cambio de orientación en cuanto al estudio de las obras indígenas se refleja de manera evidente en el Popol Vuh -posiblemente el texto más representativo de la literatura amerindia-, el cual ha inspirado varias obras de imaginación y numerosos estudios, ensayos y traducciones. El recobro del Popol Vuh para las letras americanas ha sido, no obstante, un proceso lento y difícil como seguramente lo será el de la epopeya amazónica.” (Orjuela 1986. 19 - 20)
“A pesar de la opinión adversa de algunos estudiosos, la crítica hoy en día generalmente acepta que la literatura nacional debe buscar sus raíces más antiguas y autóctonas en las culturas aborígenes y en las leyendas, mitos, poemas y narraciones indígenas conservadas en la tradición oral, que poco a poco han ido rescatando los investigadores y especialistas, salvándose de esta manera un legado cultural del cual deben sentirse orgullosos todos los colombianos.
Nuestra literatura recibe, sin embargo, además del elemento indígena, otro aporte fundamental de la tradición de occidente, transplantando de Europa al nuevo mundo a través de la lengua castellana, la cual ha hecho posible no sólo la transcripción y conservación de la mayor parte de los textos indígenas conocidos, sino la creación de una literatura americana con fisonomía e identidad propias, pero que por estar escrita en español se inserta en el rico venero de la producción literaria del mundo hispánico”. (5)(Orjuela 1986. 47)
Ahora bien, si la relación entre esta producción literaria nacional y el mundo amerindio, ha pasado desapercibida para la crítica literaria, el caso es mucho más grave cuando se trata de hablar de una literatura indígena en Colombia; no se concibe siquiera la posibilidad de una tradición narrativa diferente a la occidental; tradición que se manifiesta en diversas textualidades, no necesariamente escritas, en mitos, poesía, leyendas, cuentos, cantos y dramatizaciones que tienen sus propias leyes, su propia lógica y su propia poética; sólo que esas características no obedecen a los patrones estéticos y culturales que la tradición narrativa de occidente ha canonizado y con un espíritu etnocentrista ha pretendido imponer como los únicos válidos. En este sentido es interesante presentar, a manera de constatación, el debate que plantea el profesor Jorge Nieves Oviedo, a cuyo texto remitimos al lector interesado, pero de quien retendremos esa concepción restringida de literatura que venimos cuestionando.
“El término /literatura/ ha ido consolidando su espectro semántico en el curso de los últimos cinco siglos hasta llegar al sentido restringido que posee en la actualidad. Después de haber significado “la cultura”, “el saber en general”, poco a poco ha ido definiendo su sentido presente, dejando de lado significaciones genéricas como “lo escrito”, “cualquier texto”, e incluso, poco a poco se abandona el sentido de “información especializada”.
Podemos afirmar que en estos finales del siglo veinte /literatura/ tiene el sentido casi excluyente de /un tipo de práctica significante específica, ligada a determinados contextos de producción, distribución y recepción/ lo que da un carácter restringido.
En nuestra sociedad actual, no aborigen, la literatura funciona como un proceso iniciado por un productor individual, quien a partir de motivaciones diversas, genera unas manipulaciones con los signos del lenguaje verbal, determinadas de acuerdo a operaciones significantes codificadas socialmente y proyectando -abierta y veladamente- la inserción del producto en los circuitos socioeconómicos de distribución y consumo, (en el proyecto occidental casi siempre bajo la forma de texto escrito; es decir, se escribe, no sólo se textualiza).(6)(Nieves Oviedo 1994)
En los últimos años, debido a diversos factores, esta situación ha cambiado un poco; el avance y desarrollo de una conciencia (¿global?, ¿intercultural?) diferente, la evolución misma de la literatura y la crítica en Colombia, en América y el mundo, la radical revaloración que con motivo de la celebración del llamado “descubrimiento de América” sufrió la interpretación de este hecho; pero sobre todo, la crisis en los paradigmas que sustentaban el proyecto del mundo moderno, los cuales se han revelado insuficientes para responder a los retos epistémicos, políticos, éticos y estéticos de la post-modernidad.(7)
El despertar de una nueva sensibilidad, más abierta a los problemas y las cuestiones que suscita la copresencia en el tiempo y el espacio de multiplicidad de culturas, de lenguas, de cosmovisiones y de pensamientos, nos posibilita el desarrollo de un trabajo que se ocupa no sólo de la transtextualidad sino de la interculturidad, liberándonos en cierta forma de la pesada carga que significó durante siglos la imposición de una sola visión, de un único modo de entender los problemas de la cultura y del arte. En este sentido. nos parece sumamente valiosa y esclarecedora la re-visión crítica que desde la misma Europa se ha venido realizando de aquellos paradigmas eurocéntricos con los cuales pretendieron mirar a los demás pueblos del mundo, como lo revela la reflexión de Todorov:
“Nuestras ideas respecto a la literatura y el comentario no siempre han existido. La formación misma de la noción <
( .......)
“Se trata pues, de una concepción inmanente de la literatura, que coincide con la ideología dominante de la época moderna (me valgo del término <
...La sustitución de la búsqueda de una trascendencia por la afirmación del derecho de cada individuo a juzgarse a partir de sus propios criterios concierne tanto a lo ético y a lo político como a lo estético: los tiempos modernos estarán marcados por el advenimiento del individualismo y del relativismo. Decir que la obra está regida por una mera coherencia interna y sin referirse a los absolutos exteriores, que sus sentidos son infinitos y no jerarquizados, es igualmente formar parte de esa ideología moderna”. (.......)
Quizás hoy mejor que antes, percibimos lo que está en juego con esta discusión. La reflexión sobre la literatura y la crítica participa en los movimientos ideológicos que dominan la vida intelectual (y no sólo intelectual) en Europa durante lo que se denomina época moderna. Antiguamente se creía en la existencia de una verdad absoluta y común a todos, de un patrón universal (el cual coincidió durante varios siglos con la doctrina cristiana). El derrumbamiento de esta creencia, el reconocimiento de la diversidad y de la igualdad de los hombres, conducen al relativismo, al individualismo y, finalmente al nihilismo.(8) (Todorov 1991, 11 y ss)
De esta manera se ha empezado a revelar la presencia y a valorar los aportes de las culturas indígenas del pasado y del presente en el panorama de las culturas nacionales; se publican los textos míticos, los poemas y cantos recopilados por los investigadores, y se empieza a mirar con otras perspectivas, la presencia de esas culturas, de esas tradiciones y de esas cosmovisiones en las obras de los autores nacionales.
La Oralidad Y La Escritura En La Literatura Universal
El propósito fundamental consiste en presentar a manera de síntesis un panorama general de aquello que hemos denominado La Literatura Indígena en Colombia.
Debemos comenzar por tanto con la aclaración de aquello que define este campo y las diversas manifestaciones que abarca.
En el marco de esta investigación, hemos definido por Literatura Indígena el conjunto de manifestaciones discursivas a manera de relatos, propias de la tradición oral de las comunidades indígenas colombianas; estos relatos abarcan aquellos textos que conocemos como mitos, leyendas, tradiciones etnohistóricas y cuentos, entre otros.
Comoquiera que en el ambiente académico (colombiano) la aplicación del término literatura a este tipo de narraciones es cuestionada, sobre todo por aquellos sectores que conservan una visión estrecha y eurocentrista del arte y del conocimiento, se hace necesario precisar de manera clara toda una serie de conceptos que pondremos en juego y en cuestión; y así establecer las resemantizaciones de los términos que consideramos pertinentes para aproximarnos al conocimiento de este tipo de producciones textuales de los pueblos y culturas que conforman e integran nuestra identidad americana, en primera instancia y, comprendida dentro de ella, la nacional.
Abordemos en primera instancia el concepto mismo de literatura: son varias las cuestiones a determinar; diversos autores lo han tratado y las respuestas varían, por supuesto, dependiendo de las opciones personales e ideológicas de los mismos. Así por ejemplo Roland Barthes, uno de las voces más representativos de la “Nueva Crítica” estructuralista francesa declaraba:
“Ante todo es necesario tener en cuenta que la cuestión “qué es la literatura” constituye un problema relativamente reciente.
En la cultura occidental, se ha hecho literatura durante mucho tiempo sin avanzar realmente en el camino de una teoría de la literatura, de una teoría del ser de la literatura.
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Si se acepta elaborar provisionalmente una respuesta tradicional, se puede afirmar que, indiscutiblemente, la literaria, la expresión literaria, es una manifestación de tipo estético, de tipo artístico, del mismo rango que la pintura, la escultura, la música y, actualmente el cine. Por consiguiente, podemos afirmar que es una expresión estética que opera a través de signos muy precisos: los signos escritos. La literatura es un fenómeno esencialmente escrito. Existen algunos países que poseen una literatura oral, mas, para nosotros los occidentales, la literatura es ante todo un objeto escrito.” (9) (Barthes 1974)
Como ya ha sido expresado suficientemente por los artistas y críticos que lo han abordado, no existe una respuesta sencilla para la pregunta ¿qué es la literatura? Empecemos por decir que hasta ahora ha habido una concepción predominante a nivel académico, etnocentrista y, más aún, eurocentrista que funciona con un concepto a la vez restringido pero al mismo tiempo ambiguo de lo que es la literatura, según la cual un elemento básico preponderante para definir la literatura sería la escritura; sin embargo, históricamente y en la actualidad, esta concepción cae por su propio peso, puesto que a las obras específicamente literarias canónicamente reconocidas, se puede agregar toda una serie de textos de la más diversa índole que ni en su momento ni en la pretensión de sus autores fue concebida como “literatura ”.
“En cuanto a la literatura, es muy probable que sea incluso más antigua que la escritura. Por comparación con los pueblos primitivos actuales, entre los cuales es un fenómeno universal la literatura oral, podemos pensar que también los pueblos anteriores a la invención de la escritura poseían ya ciertas manifestaciones literarias elementales, como narraciones épicas y poemas líricos. En cualquier caso, ya entre los documentos escritos más antiguos que conocemos -las tabletas de arcilla sumerias- se encuentran poemas épicos y poemas líricos, himnos y mitos religiosos, proverbios, fábulas, elegías. Así pues, la literatura es al menos tan antigua como la escritura.” (10) (Universitas Enciclopedia 1979, 7)
Tratados filosóficos, históricos, de medicina, de astronomía, de alquimia, leyes y constituciones, documentos religiosos, cartas de amor y de las otras, y tal vez hasta recetarios mágicos y de cocina, han recibido el estatuto de literatura y no solamente porque han perdurado en su carácter de textos escritos.
“Al igual que la poesía de todas las épocas primitivas, también la poesía de los primeros tiempos de Grecia, se compone de fórmulas mágicas y sentencias de oráculos, de plegarias y oraciones, de canciones de guerra y de trabajo. Todos estos géneros tienen un rasgo común: el de ser poesía ritual de las masas. A los cantores de fórmulas mágicas y de oráculos, a los autores de lamentaciones mortuorias y canciones guerreras les era ajena toda diferenciación individual; su poesía era anónima y destinada a toda la comunidad; expresaba ideas y sentimientos que eran comunes a todos.” (11)(Arnold Hauser, 1994, 78)
Por otra parte, es innegable que las grandes obras que han fundado esta literatura y que hoy son universalmente reconocidas y aceptadas como clásicas tuvieron su origen y un largo desarrollo como tradición oral antes de ser fijadas por escrito en la forma que hoy les conocemos. No es necesario presentar un catálogo de estas obras para mostrar nuestra aseveración, pero sí nos parece pertinente mencionar algunos ejemplos.
Es una cosa ampliamente aceptada y ya demostrada, que las grandes obras épicas que fundaron lo que hoy llamamos la literatura universal, tuvieron en su origen un carácter oral y fueron transmitidas así, de la boca al oído, como palabras vivas de una generación a otra, de maestros a discípulos, de padres a hijos, de sacerdote a novicio.
La Iliada y la Odisea, antes de adquirir su forma escrita definitiva, eran conservadas en la memoria de los poetas y era obligatorio que los niños las aprendieran en la escuela. Los análisis estilísticos realizados demuestran claramente la pervivencia de formas específicas, de técnicas propias de la transmisión oral en estas obras.
Sería muy útil que el lector se remitiera a la lectura del capítulo II del libro de Walter J. Ong, “Oralidad y Escritura” particularmente el capítulo dedicado a “la cuestión Homérica”.
“Dadas una conciencia de larga data entre los letrados de la tradición oral, y la demostración, por Lang y otros, de que las culturas exclusivamente orales podrían producir complicadas formas artísticas verbales, ¿qué hay de nuevo en nuestra comprensión moderna de la oralidad?
La nueva interpretación evolucionó por varios caminos, pero acaso pueda seguirse mejor en la historia de la “cuestión homérica”. Durante más de dos milenios, los estudiosos se han entregado al estudio de Homero, con variadas mezclas de penetración, información errónea y prejuicio, consciente e inconsciente. En ninguna parte se manifiestan en un contexto más rico los contrastes entre oralidad y conocimiento de la escritura, o los puntos débiles de la mente caligráfica o tipográfica irreflexiva.
La “cuestión homérica” como tal se originó en la crítica superior de Homero en el siglo XIX, que había madurado junto con la crítica superior de la Biblia, pero cuyas raíces se remontaban hasta la antigüedad clásica.
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Desde el principio, profundas inhibiciones han interferido en nuestra visión de lo que en realidad son los poemas homéricos. desde la antigüedad hasta el presente , la Iliada y la Odisea comúnmente han sido consideradas como los poemas seculares más inspirados, más puros y más ejemplares de la herencia occidental. Para explicar su excelencia reconocida, cada era se ha inclinado a interpretarlos como una mejor realización de lo que, según ella, hacían o pretendían hacer sus poetas. A pesar de que el romanticismo había dado una nueva interpretación a lo “primitivo”, como una etapa favorable antes que lamentable de la cultura, los eruditos y los lectores por lo general tendían a atribuir a la poesía primitiva cualidades que su propia época encontraba fundamentalmente atractivas. Más que cualquier otro investigador anterior, el clasicista estadounidense Milman Parry (1902-1935) logró socavar esta patriotería cultural, a fin de penetrar en la poesía homérica “primitiva” en las condiciones propias de la misma, aunque éstas se oponían a la opinión aceptada de lo que debían ser la poesía y los poetas." (12)(Ong 1994, 26-27)
Así mismo la Biblia, ese conjunto maravilloso de libros que junto con la literatura griega han fundamentado la cultura occidental, tuvo originalmente un carácter de tradición oral, sagrada, del pueblo hebreo y se debió esperar muchas centurias para que estos relatos de la tradición oral fuesen recopilados y transcritos por un grupo de sacerdotes alrededor del año 500 antes de Cristo.(13)(La Biblia, Barcelona Herder 1976)
"Los descubrimientos arqueológicos y el conocimiento de literaturas de pueblos limítrofes y contemporáneos al de Israel, hacen pensar, más que en documentos autónomo, en cuatro principales tradiciones o corrientes paralelas, debidas a escuelas teológicas y literarias que habrían aprovechado fragmentarias narraciones aisladas, unas veces redactadas por escrito y otras transmitidas por vía oral, muy antiguas unas y más recientes otras, de forma que de este trabajo de siglos resultara nuestro Pentateuco".
Algo similar puede afirmarse de la gran épica hindú que si bien se atribuye a un nombre conocido, este sólo ofició como un recopilador de aquello que la cultura de ese pueblo había creado.
"Como todas las grandes culturas antiguas, la India tiene una epopeya nacional. Esta poesía épica, el “epos” nacional, se desarrolló con mucha anterioridad a su aparición literaria. Se encuentra soterrada en los himnos védicos, en los relatos, en los diálogos y en las narraciones del Rig-Veda. Los poetas védicos anónimos, los bardos de los reyes arios, cantaban ya en sus panegíricos -los nârâshamsî- las gestas de los héroes conocidos y, especialmente, las del clan al cual pertenecían estos cantores de gesta. Como en toda poesía lírica, estas gestas no se preocupaban tanto de la verdad histórica, como de aquellas otras cualidades que les permitían conseguir efectos estéticos. [.....]
El papel de Vâlmîki ha sido primordial en esta elaboración (del Ramayana). Él dio una forma artística y clásica a poemas orales cantados por bardos errantes en idiomas locales, poemas que se representaban, en forma de dramas, en escenas improvisadas en las aldeas. Vâlmîki fue el gran y genial creador que unificó estos relatos orales en una magnífica obra escrita".(14)(Roger Riviere 1979 29 y ss.)
Ya hacia la épica medieval fundadora de las lenguas y las literaturas nacionales de los países europeos es posible cuestionar como algo problemático si la literatura oral tiene una importante influencia de la escritura o si estas obras también pueden considerarse como recopilaciones realizadas por algún gran poeta a partir de obras de la tradición oral; es el caso del poema del Mio Cid, el Cantar de los Nibelungos, el Weowulfo, la canción de Rolando y otros.
"Las personas letradas, desde los coleccionistas medievales de florilegios, hasta Erasmo (1466-1536) o Vicesimus Knox (1752-1821) y otros, han seguido reuniendo en textos lo dicho por la tradición oral, aunque resulta significativo que, a más tardar a partir del medioevo y la época de Erasmo, por lo menos en la cultura occidental la mayoría de ellos no recogieron lo dicho directamente por la expresión hablada sino que lo tomaron de otros escritos. El romanticismo se caracterizó por el interés en el pasado remoto y la cultura popular. Desde entonces, cientos de coleccionistas, comenzando por James McPherson (1736-1796) en Escocia, Thomas Percy (1729-1811) en Inglaterra, Los hermanos Grimm: Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) en Alemania, o Francis James Child (1825-1896) en Estados Unidos, han rehecho en forma más o menos directa algunas partes de la tradición oral, cuasioral o semioral, otorgándoles una nueva respetabilidad. Para el inicio de nuestro siglo, que ya está envejeciendo, el erudito escocés Andrew Lang (1844-1912) y otros habían desvirtuado bastante la opinión de que el folclor oral representaba solamente los desechos de una mitología literaria “superior”: juicio producido naturalmente por el prejuicio caligráfico y tipográfico tratado en el capítulo anterior".(15)(Ong 1994, 225)
No podemos dejar de mencionar por otra parte la existencia de otra Gran Obra Menor fundadora de nuestra Literatura Universal que corría de boca en boca a través de generaciones de campesinos iletrados, de viajeros y comerciantes y que seguramente hicieron la delicia de muchas noches al calor del hogar: estoy pensando en los llamados “cuentos maravillosos”, que hoy en día se denominan “infantiles”, como los recopilados por los hermanos Grimm y en otras no menos famosas colecciones como Las Mil y Una Noches; y con este género, es también difícil discernir en dónde termina la literatura oral y en dónde comienza la literatura escrita; piénsese si no en títulos tan famosos como Canterbury, El Decamerón y un poco más cercanos en el tiempo, habría que investigar las fuentes de Hans Christian Andersen y Charles Perrault para sólo nombrar los más conocidos.
"La tradición oral proporciona, no sólo el volumen mayor del material, sino, en particular el tono y el estilo. Los Grimm pusieron especial empeño en mantenerse fieles a la originalidad y belleza de la lengua popular; no se propusieron crear, sino reproducir las creaciones del pueblo y restablecer sus modos expresivos allí donde estos habían sido desfigurados por la tradición literaria.
(16)(Valentí, 1967 x)
Tenemos pues como una primera conclusión que existen dos grandes cauces que a través de los tiempos han configurado aquello que hoy llamamos literatura.
En primera instancia, existió una literatura oral con unas características propias que más adelante dilucidaremos. En segundo lugar, luego de la invención de la escritura, las formas de la tradición oral fueron plasmadas en textos escritos y empezó a fundarse paulatinamente una literatura escrita con unas características propias que la diferenciaron de la oral y que fue adquiriendo una mayor preeminencia en el transcurso de los siglos, en aquellos países donde la tecnología de la escritura logró un dominio si no masivo, por lo menos en las altas esferas de la sociedad.
Estas dos corrientes sin embargo, no discurren en forma paralela y disociada, sino que permanentemente entrecruzan sus cauces, mezclan sus aguas y, por un fenómeno de sincretización que no ha sido suficientemente estudiado ni valorado, se enriquecen mutuamente, aunque podríamos atrevernos a afirmar que en este intercambio dialógico establecido entre la tradición escrita y la tradición oral, aquella recibe más de lo que da; es decir, que poetas, novelistas, escritores en fin, siempre son alimentados de una manera u otra de las fuentes orales de la cultura, pero no se puede aseverar absolutamente lo contrario.
“...Me resulta imposible considerar el corpus de la tradición que nos sirve de alimento como algo concluido: y aunque pudiera demostrarse que ya no surgirán obras escritas de la misma trascendencia, siempre quedará la gigantesca reserva de los pueblos primitivos y su tradición oral.
Pues en ella son infinitas las metamorfosis, que es lo que aquí nos interesa. Podría emplearse una vida entera en interpretarlas y comprenderlas, y no sería una vida mal empleada. Tribus que a veces constan de unos cuantos centenares de hombres nos han dejado un tesoro que, a decir verdad no merecemos, pues por nuestra culpa se han ido extinguiendo o se extinguen aún ante nuestros ojos, apenas capaces de ver algo. Es gente que ha conservado hasta el final sus experiencias míticas, y lo asombroso es que apenas hay algo que venga más a propósito y nos dé tantas esperanzas como esta poesía temprana e incomparable de hombres que, cazados, explotados y desposeídos por nosotros, han perecido en medio de la miseria y la amargura. Ellos despreciados por nosotros debido a su modesta cultura material, aniquilados a ciegas y sin misericordia, nos han legado una herencia espiritual inagotable".(17)(Canetti 1994, 356-357)
Esta relación dialógica entre las tradiciones oral y escrita de la literatura, le confiere una alta gracia a obras como El Quijote por ejemplo o la obra de Rabelais en la tradición universal europea, pero es un fenómeno bastante más evidente en las obras de los grandes autores latinoamericanos, en donde vinieron a fundirse la literatura escrita aportada por los europeos con las grandes corrientes de la milenaria tradición oral americana, africana y aún la europea misma.
La Literatura Fundacional En América
Damos por sentado pues -y no como hipótesis- que existe una literatura oral. Veamos entonces cuales son las formas específicas que adquiere, cuáles son sus técnicas, sus géneros y aquellos otros atributos que la caracterizan y le otorgan una cierta autonomía. Para desarrollar esta idea pasaremos al campo americano.
Aún hoy en día, es por muchos ignorada o sistemáticamente negada la existencia de una literatura americana antes de la llegada de los europeos. Hay dos argumentos principales que se esgrimen: el primero afirma que los pueblos americanos no tenían escritura y por ende no podían tener literatura; argumento este que ya hemos examinado y demostrado como falso; el concepto de letra, de escritura, no es imprescindible para que exista la literatura. El segundo argumento afirma que lo que nosotros llamamos literatura oral, es decir las tradiciones míticas, las leyendas, los cuentos folclóricos, las narraciones etnohistóricas, la poesía religiosa, amorosa, ritual, los cantos, las fórmulas mágicas de encantamiento etc. no es “verdadera” literatura. Partiendo del hecho de que no se ha logrado una definición satisfactoria que dé cuenta de lo que estos autores llaman “verdadera” literatura, es necesario destacar que quienes esgrimen este argumento, más desde una posición etnocentrista que científica o artística, no se han dado cuenta que con este mismo tipo de argumentaciones los abanderados de la “santa cultura occidental”, conquistadores y misioneros, se abrogaban el derecho de quemar hombres y mujeres, arrasar culturas por adorar a un dios que no era el dios “verdadero” y aducían, en su afán negador, que el hombre americano ni siquiera tenía alma.
“Miembros de una sociedad que atribuye un prestigio especial al discurso transcrito en las hojas de un libro (fetichismo de la escritura), ellos se imaginaban la “literatura” exclusivamente bajo forma de un texto escrito- según los cánones europeos. De este modo ellos quedaron ciegos- o sordos- ante las expresiones orales o multimediales que cumplen, dentro de las colectividades indígenas todavía predominantemente orales, una función más o menos análoga a la de la “literatura” en las sociedades alfabetizadas” (18)(Lienhard 1994)
Por otra parte, podemos mostrar como las grandes culturas americanas, a saber Mayas Aztecas e Incas, sí habían desarrollado sistemas de escritura partiendo de sistemas nemotécnicos o ideográficos que evolucionaron hacia un sistema jeroglífico, que en el caso de Mayas y Aztecas se transformaba paulatinamente en una escritura alfabética. En la actualidad los códices precolombinos son estudiados por los especialistas y algunos ya han sido o están en proceso de desciframiento.
Los Aztecas, que no eran sino los herederos de una antiquísima tradición originada por los Toltecas y los Olmecas, no sólo tenían escritura, sino que habían inventado el papel y los libros llamados amatl; estos eran fabricados en fibras de maguey y en sus universidades -porque tenían universidades, con especialistas y todo- había un espacio dedicado para los libros, una especie de biblioteca que en su lengua florida era llamada la casa de las pinturas y celebraban en los jardines de los palacios, certámenes de poesía en donde eran coronados anualmente los maestros de la flor y el canto, metáfora que utilizaban para referirse a la poesía. Todavía se conservan algunos de los textos de estos grandes poetas y filósofos precolombinos como Nezahuatlcoyotl. Había poesía religiosa y amatoria, cantos de la amistad y de la vida, profundos poemas metafísicos sobre la vida y la muerte; pero también había libros de crónicas, de historia, tratados de medicina, de astronomía y textos oraculares como el Tonalamatl, una especie de libro de los días y del destino de los hombres. (19)(Krickeberg 1992, León Portilla 1972, Martínez 1979)
Hay que ver el afán con el cual los misioneros, extirpadores de idolatrías, se dieron a la infame tarea de apilar los bellos libros para hacer hogueras con ellos y justificar así la barbarie desatada en nombre de Dios y la civilización.
Pero así como en la Europa medieval corrían los ríos literarios de la tradición oral y de la tradición escrita, también en América existía, y con mayor fuerza, la tradición viva de la literatura oral conservada en la memoria de los ancianos sabios y sacerdotes, quienes una vez que asimilaban el sistema de escritura de los invasores, daban inicio a la tarea de salvaguardar, reconstruir y transcribir, bien en español, bien en nahuatl, bien en maya, aquello que no podía ser consumido por las llamas: la memoria milenaria, el imaginario colectivo, los relatos que fundaron y le dieron configuración a una manera de ser, de concebir y de explicar el universo.
Es por eso que hoy conocemos los textos conservados como el Popol Vuh, los libros de Chilam Balam, el Rabinal Achi, los Dioses y los Hombres de Huarochiri, el Ollantay, y tantos otros. Son textos míticos, leyendas de carácter histórico, relatos lúdicos o de entretenimiento, obras dramáticas, elegías y poemas líricos.
Sí hubo una literatura americana antes de la llegada de los conquistadores y sí hubo sistemas de escritura y sistemas nemotécnicos entre las culturas menos avanzadas; pero aún después del impacto de la conquista y de la destrucción sistemática de las bases culturales, continúo existiendo y pervive en la actualidad una literatura entre los pueblos indígenas de América con o sin escritura. Lo que es necesario discernir, indagar, investigar, es cómo se ha establecido esa relación dialógica transtextual y transcultural entre las dos corrientes de la literatura en América, cuál es la incidencia de la corriente escrita en la tradición oral y cuál es la incidencia de la literatura tradicional indígena en la literatura oficial de la sociedad y la cultura dominante.
La Tradición Oral
Hemos dicho que la literatura oral presenta características específicas que permiten diferenciarla de la literatura escrita y que le confieren una autonomía; veamos algunas de ellas. En primer lugar, su carácter de literatura tradicional. Ésta consiste en una serie o conjunto de discursos o textos verbales (multimediales) que hacen parte del patrimonio cultural de un pueblo, que son transmitidos de una generación a otra; son conservados así en la memoria. Esta es una de las razones que explica la presencia a nivel estilístico de formas más o menos estables o fórmulas, conjuntos de frases, ritmos y rimas que facilitan su memorización e internalización por parte tanto del relator como de su auditorio. En este sentido, podemos decir que hay una mayor fidelidad y apego a la tradición o a un estilo tradicional colectivo, por oposición a una característica de la literatura escrita que es la búsqueda permanente de una ruptura con los modelos o moldes establecidos. En la literatura escrita hay una búsqueda de conformación de un estilo propio por parte del escritor, en eso estriba su originalidad; en la literatura oral, la originalidad estriba en la conformidad con un patrón o modelo establecido social y culturalmente.
El Relator
En la tradición literaria de occidente, a partir de un cierto momento, se erige la figura del escritor como fundamental en el proceso de producción de la literatura; más exactamente, el autor y su artificio por excelencia, el narrador. Este es un punto problemático, porque no siempre fue así. La “conciencia” del escritor es un fenómeno tardío en la biografía de la literatura; pero mal que bien la existencia de un sujeto real conocido o reconocido como el productor del texto parece ser fundamental para la definición de la obra literaria en dicha tradición. Cosa muy diferente ocurre con la tradición oral; aquí podemos encontrar una diversa gama de matices en cuanto a la relación autor texto.
Para la literatura oral utilizamos el concepto de relator, ya que la narración, la historia narrada es considerada como preexistente al sujeto pragmático enunciador del discurso. El relator es un miembro de la comunidad que transmite una cierta historia o narración que le ha llegado por vía tradicional. En este proceso de transmisión de un texto es posible discernir varios niveles en cuanto a variaciones o transformaciones de los mismos textos al ser actuados por un mismo sujeto enunciador, como al ser actualizados por diversos sujetos. Estas transformaciones, leves o profundas, obedecen a multitud de circunstancias difíciles de determinar y no siempre pertinentes para ser tenidas en cuenta; en estos casos, y según los propósitos del investigador, éste deberá decidir sobre la pertinencia o no de tener en cuenta dichas circunstancias y/o algunas transformaciones inherentes al relator tales como olvidos parciales motivados por estados anímicos, relación con sus interlocutores o audiencia y otros.
Etnoliteratura
El trabajo que hemos emprendido de análisis -lectura, descripción, interpretación, evaluación- de los textos de literatura oral de una de las culturas indígenas de Colombia, está enmarcado dentro de lo que se ha denominado como etnoliteratura.
Podemos intentar una primera aproximación a este concepto diciendo que la etnoliteratura es aquel estudio que se ocupa preferencialmente de las producciones literarias de tradición oral de los pueblos del mundo: mitos, leyendas, relatos folclóricos, poemas, cantos, dichos y refranes, son ejemplos de la materia propia de la etnoliteratura.
La recopilación y transcripción de textos, y su análisis, ha sido realizado por especialistas de muy diferentes campos y con los fines más diversos -etnólogos, lingüistas, psicólogos, médicos, folclorólogos, religiosos e historiadores-, de manera tal que podemos afirmar que este es un campo donde convergen una gran diversidad de disciplinas, métodos y teorías.
Pero la etnoliteratura ha hecho también grandes aportes al avance de las ciencias que se ocupan del análisis literario, al extremo que se puede decir que una de las grandes fuentes que enriqueció y posibilitó el avance de la semiótica tiene su origen en los primeros estudios realizados por folcloristas, formalistas y estructuralistas; como lo afirma A. J. Greimás en su “Semiótica”:
“Al dominio comprendido por la etnosemiótica le corresponde el mérito de haber concebido, inaugurado y fundado - al lado de las descripciones paradigmáticas que son las etnotaxonomías- los análisis sintagmáticos que versan sobre los diferentes géneros de la literatura étnica, tales como los relatos folclóricos (V. Propp) y míticos (G. Dumézil, C. Lévi-Strauss), gracias a los cuales se ha renovado la problemática del discurso literario. Si estas investigaciones han permitido a la semiótica general progresar rápidamente, es normal que ahora esta quiera devolver, al menos en parte, la deuda que ha contraído, surgiendo la posibilidad de nuevas aproximaciones para los discursos etnoliterarios.” (20)(Greimas y Courtes 1986)
Para nuestro objeto de estudio, es particularmente útil la delimitación y caracterización del campo como Literatura Indígena, realizada por el profesor Juan Adolfo Vásquez, en su ensayo “El Campo de las Literaturas Indígenas Latinoamericanas”. En este estudio el profesor Vásquez nos muestra las principales características y problemáticas a que debe enfrentarse el investigador cuando quiere abordar el trabajo con textos que provienen de la tradición narrativa amerindia, tales como su carácter primariamente oral, su pervivencia desde las épocas precolombinas hasta la actualidad, el problema de la lengua en que son difundidas, sus traducciones y transcripciones y el problema de sus relaciones transculturales. De este estudio extractemos algunas de sus observaciones finales por considerarlas pertinentes y válidas para la orientación del trabajo que emprendemos:
“Las literaturas indígenas han sido siempre primeramente orales. Esto es verdad aún para aquellas culturas que han tenido medios de fijar sus pensamientos en libros ilustrados y escritura jeroglífica. Lo mismo puede afirmarse de aquellas sociedades que pudieron usar la escritura romana y escribir en lenguas aborígenes después de la conquista.
En general, la vida y tradición de los indios de América Latina ha sido un proceso de continuos cambios. Sus literaturas también reflejan esta constante experiencia histórica y prehistórica. De ningún modo las literaturas indígenas de América Latina deben ser reducidas a literaturas precolombinas.
Aunque las lenguas aborígenes son de primera importancia para el estudio de las literaturas indígenas, el hecho es que en muchos casos tenemos más traducciones en lenguas modernas que textos originales y estamos obligados a confiar en gran medida o acaso exclusivamente en estos materiales traducidos. Si bien este enfoque no puede llevarnos muy lejos en el estudio de la poesía indígena, es ciertamente útil para el estudio de mitos y leyendas. Muchas intuiciones, imágenes y pautas mentales aborígenes sobreviven a las traducciones.
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En el estado actual de aculturación a veces es difícil trazar una clara línea de separación entre las culturas indígenas, mestizas y blancas. En todo caso las literaturas indígenas se caracterizan por el predominio de puntos de vista, estilos e imágenes que expresan modos de ver la realidad característicos de los aborígenes americanos tradicionales”. (21)(Vazquez 1978, 325-326)
También la profesora Laura Lee Crumley en su conferencia “Relaciones entre la Etnoliteratura y la Narrativa Latinoamericana: A la Búsqueda de los Orígenes”, nos hace no sólo una descripción detallada de las literaturas indígenas americanas, sino que nos revela la estrecha -pero también olvidada- relación existente entre la literatura aborigen y las producciones de los escritores latinoamericanos. Al mismo tiempo señala múltiples derroteros interesantes de seguir como campos de investigación, así como algunas de las dificultades que el investigador puede encontrar.
“Es imposible pretender aquí más que una introducción general a esta vasta y riquísima área de estudios.
Creo haber señalado algunos de los más importantes puntos de “choque” y puntos de convergencia entre la literatura latinoamericana y la etnoliteratura.
Debemos ocuparnos de ellos cuando realicemos investigaciones de estas áreas.
Uno de los puntos de choque se relaciona con los patrones del lenguaje: lo “culto” vs lo “popular”. Otro punto radica en la especialización y aislamiento de las disciplinas: la separación o dicotomía entre “lo literario” y lo “no literario” vs la integración múltiple de todos los aspectos significativos y constitutivos de la vida humana.
Todavía otros aspectos se relacionan con las diferencias entre lo oral y lo escrito.
Considero que los puntos de “choque” se deben principalmente al etnocentrismo extremo de la cultura dominante. En cambio los puntos de encuentro se dan gracias a la perduración de las etnoliteraturas y la casi insólita presencia de ventanas visionarias que se abren hacia la comunicación intercultural.
Como puntos de intersección o encuentro he señalado el papel que juega la intertextualidad mítica en los escritos de autores latinoamericanos de este siglo. Hice referencia a la incorporación de imágenes, citas, transformaciones, alusiones y reminiscencias de las literaturas y cosmovisiones indígenas a la narrativa y poesía de algunos autores.
En todo ello palpamos la gran influencia que han tenido el mundo indígena y las etnoliteraturas sobre los escritores nuestros. Ellos también nos comunican algo de ese otro mundo, de esa otra cosmovisión, de esa otra estética. de ese otro modo de vivir el mundo”.(22)(Crumley 1990, 33)
En el desarrollo de este capítulo creemos haber mostrado con argumentos y ejemplificaciones suficientes la pertinencia y la validez de la definición de un campo de estudios que se ha ocupado según una larga tradición investigativa de aquellos textos de la tradición oral producidos por los hombres en las diversas culturas del mundo. Este campo de estudios ha recibido diversas denominaciones, dependiendo muchas veces de las orientaciones y enfoque teóricos que los investigadores han asumido, de su lugar disciplinario de procedencia. Pero en esencia puede decirse que la etnoliteratura se está ocupando de una corriente literaria anterior a la literatura de tradición escrita, que pervive a través de los milenios, que todavía conserva su vigencia en muchos pueblos al constituir una de sus manifestaciones estéticas por excelencia, una corriente que significa en la medida en que es la forma privilegiada de transmitir una visión del mundo y asegurar la continuidad, la permanencia de un saber, de unos valores, de unas normas de conducta social y en definitiva de un universo ideológico.(23)(Blanch 1995)
Literatura oral, folclor literario, arte de narrar, etnoliteratura, son algunas de las denominaciones que ha recibido este campo. Para el investigador, la literatura de tradición oral tiene un doble valor; en primera instancia, hay un valor inmanente a este tipo de literatura en tanto plantea grandes inquietudes e interrogantes que hacen avanzar el desarrollo de la crítica y de la teoría literarias, al enfrentarlas con problemas que tienen que ver con los orígenes mismos de la literatura escrita, con la razón del ser de la literatura, con las concepciones sobre la literaturidad y con todo el conjunto de conceptos teóricos desarrollados para describir, analizar, interpretar o evaluar las obras. Por otra parte, tiene un valor más bien extrínseco, en la medida en que se descubren las múltiples relaciones que pueden existir entre una tradición oral y una tradición escrita, como corrientes que se entrecruzan e influencian mutuamente.
La Literaturización De Lo Indígena
Con la noción de literaturización queremos referirnos al proceso de incorporación o inserción de las historias de tradición oral de las culturas indígenas en la corriente de la tradición escrita, que permite que estos textos sean reconocidos en un ámbito externo al de las comunidades mismas, y aún que sean utilizados por escritores como motivo inspirador para la producción de sus propias obras o para la construcción de versiones “literarias” de las historias míticas indígenas. Al hablar de la literatura indígena en Colombia debemos, por lo tanto, destacar al menos cuatro maneras en que este tema puede ser entendido, o cuatro formas de incorporación de la literatura oral en la tradición escrita:
-La existencia en las diversas etnias y sociedades indígenas de Colombia de una tradición etnoliteraria propia, conformada por sus textos orales o multimediales, mitos, cuentos, leyendas, cantos y otras formas de su oratoria tradicional; de cualquier manera, este tipo de tradición narrativa tiene su vida independiente de la sociedad nacional dominante y de la escritura alfabética y llega a ser conocida en un ámbito más amplio porque ha sido objeto de recopilación, transcripción, traducción y publicación por parte de los investigadores de las distintas disciplinas y que asumen esa tarea, con los propósitos más diversos; esta es digamos una primera forma de literaturización de lo indígena o de incorporación de esa tradición oral en la tradición escrita. Gracias a la labor principalmente de antropólogos y etnólogos, hoy en día contamos en Colombia con un importante conjunto de recopilaciones de textos míticos de las culturas indígenas de Colombia, no vamos a hacer el inventario de dichas recopilaciones pero sí debemos mencionar el compendio realizada por Hugo Niño titulado Literatura de Colombia Aborigen, por considerar que es una de los más valiosos intentos por presentar una muestra extensa de la literatura de una gran cantidad de etnias indígenas.(24)(Niño 1979
-Una segunda forma de literaturización o de incorporación de la tradición indígena en la corriente literaria escrita del mundo occidental, consiste en la labor concientemente realizada por un agente con pretensiones literarias, de imprimir su propia voz, forma o estilo a los textos de la tradición amerindia; se pretende hacer de ellos “literatura” en el sentido restringido de escritura, como si las formas propias de la tradición oral y sus temas no fuesen lo suficientemente dignos en su extraña y ajena pristinidad. Si bien en algunas ocasiones, el resultado es un objeto de un valor estético positivo, en términos generales, me parece que tales autores, sólo logran caricaturas que empobrecen la imagen misma y el valor que este tipo de literatura tiene cuando nos enfrentamos con los textos originales. Una de las cosas más lamentables que llega a ocurrir es la puerilización de que son objeto tanto la literatura de tradición oral misma, como los pueblos que la han producido, al querer imprimirle un supuesto sentido pedagógico a su labor, correlacionando de una manera bastante arbitraria lo autóctono americano con lo infantil. También en este caso debemos hacer un justo reconocimiento al trabajo realizado por Hugo Niño por su indudable valor artístico, por el sentido respetuoso y el tratamiento que ha dado a la tradición oral de los pueblos; en este caso mencionemos su obra Primitivos Relatos Contados Otra Vez . Otros escritores, antropólogos y folclorólogos han desarrollado una labor semejante y sus producciones han sido variadas, pero no vamos a detenernos en el examen o la evaluación crítica de sus obras por no ser este nuestro objeto central de estudio.(25)(Niño 1979b)
-La tercera manera en que es entendida la expresión literatura indígena, tal vez la menos apropiada de las tres, consiste en la incorporación conciente en la obra literaria por parte de un escritor de la tradición escrita, de una temática relativa al mundo indígena. El indio, su mundo, las problemáticas sociales que enfrenta, las relaciones conflictivas entre su sociedad y la sociedad dominante, son temas de la literatura; esta forma de literaturización es la que ha tenido un mayor reconocimiento por parte de nuestra sociedad, y ha dado lugar al nacimiento y desarrollo de las diversas tendencias literarias reconocidas como indianismo, indigenismo y neoindigenismo, inscritas a su vez en movimientos literarios más amplios, tales como el romanticismo americano, el realismo social, la novela de la selva, la novela de la tierra, la novela de violencia, e incluso la novela postmoderna. En el ensayo Presencia de lo Indígena en la Literatura Colombiana, he realizado un muestreo panorámico del lugar que la temática indígena ha ocupado en nuestra literatura, mencionando algunas de las obras y autores principales en el transcurso del siglo veinte.(26)(Gómez 2000)
-Hay tal vez un cuarta posible acepción para el término que estamos discutiendo. Partiendo de la apropiación de la escritura y de otras manifestaciones de la sociedad occidental que han realizado los grupos indígenas, es posible en la actualidad tener acceso a obras, con o sin pretensiones literarias, escritas por los mismos indígenas.
Esta forma de etnoliteratura no ha logrado todavía un fuerte desarrollo, pero se puede prever un futuro prometedor en este sentido. Hoy en día ya es posible inclusive tener acceso directo, a los discursos, a los textos míticos y poéticos, a las reflexiones filosóficas de los líderes indígenas y voceros de sus pueblos, gracias al desarrollo de la tecnología informática y del internet; solamente a manera de ejemplo, podemos decir que hemos tenido acceso a través de Internet, a materiales producidos por indígenas como el libro titulado El Universo Arhuaco, consistente en discursos y reflexiones de los sacerdotes indígenas de la Sierra Nevada, así como a textos míticos de los Arhuacos, escritos por ellos mismos.
Es posible también encontrar en forma impresa textos de diversa índole escritos por maestros, líderes e ideólogos indígenas, producidos en equipos de trabajo y a veces con la asesoría de antropólogos y otros profesionales.
No podemos dejar de mencionar, así sea a título de ejemplo, la importancia de los trabajos realizados por etnoeducadores y líderes indígenas de las diversas etnias tales como los Nasa, los Guambianos, los Waunana; trabajos a los que hemos tenido acceso y que serán objeto de análisis en fases más avanzadas de nuestra investigación. Destacamos entre otros los siguientes:
Pardo Mauricio. Compilador: “Zroara Nebura, Historias de los Antiguos”. Literatura Oral Emberá Centro Jorge Eliecer Gaitán. Bogotá 1984. Se trata de historia narradas por el anciano sabio y líder indigena Emberá, Floresmiro Dogiramá.
Berichá (Esperanza Aguablanca). “Tengo los pies en la cabeza”. Editorial Los Cuatro Elementos. Bogotá 1992. Berichá es maestra y líder indígena de la etnia U´wa.
También los trabajos realizados por los equipos etnoeducativos del Cauca, entre los cuales sobresalen: Marcos Yule, “Por los senderos de la memoria y el sentimiento páez”, y Abelino Dagua, “Los hijos del Aro iris”.
Si bien el trabajo de investigación que estamos realizando tiene que ver con los textos míticos originales de una comunidad indígena -los Kogi-, recopilados y publicados por un investigador –Gerardo Reichel-Dolmatoff -, nos parece importante, haber dejado una constancia de la amplitud del campo de las literaturas indígenas en Colombia, de las múltiples posibilidades que ofrece para la investigación y, así sea de una manera sumaria y seguramente incompleta, presentar un panorama de lo que ha sido y es la la literatura indígena en colombiana.
NOTAS
1- El presente ensayo hace parte de un proyecto de investigación que realicé con el nombre inicial de La literatura Indígena en Colombia, y que fue presentado como tesis de la Maestría en Literaturas Colombiana y Latinoamericana con el título final de El Jaguar en la literatura Kogi: Análisis del complejo simbólico aspociado con el jaguar, el chamanismo y lo masculino en la literatura kogi, Universidad del Valle Cali, 2001. Este y otro breve ensayo titulado Presencia de lo Indígena en la literatura Colombiana, fueron la semilla y el fundamento a partir de la cual desarrollé posteriormente la investigación doctoral: Interculturalidad y violencia étnica en la literatura colombiana. Ambos ensayos fueron publicados en la revista Poligramas de la Escuela de Estudios Literarios de la Universidad del Valle en laN° 16 del 2000 y el la N° 18 de ago-dic de 2002. El segundo artículo corregido y ampliado entró a hacer parte de la tesis doctoral a manera de introducción.
2- Si bien en el marco de esta investigación me estoy refiriendo principalmente a la literatura indígena en Colombia, me parece necesario aclarar que muchos de estos aspectos pueden ser extensivos a la literatura indígena en América, y no es por una concepción meramente nacionalista, sino básicamente por las limitación propia que le he impuesto a mi trabajo; por otra parte, es bien conocido que en otros países como México, Perú y aún Paraguay se ha avanzado bastante en el conocimiento de estas literaturas, campo que en Colombia no ha sido suficientemente explorado.
3- Los conceptos y las palabras que los nombran tienen indefectiblemente una historia ; esa historia marca ciertos valores, a veces exaltantes, a veces peyorativos; esto nos impele a utilizar los subrayados, las comillas, los subíndices, para infundirles un sentido especial, propio, íntimo, el cual casi nunca coincide con el que la historia les ha trazado. Tal cosa ocurre aquí con conceptos como indianismo, indigenismo, neoindigenismo, literatura oral etc., conceptos que irán siendo objeto de discusión a lo largo de este trabajo; el lector nos concederá el privilegio de hacer un uso simple y desprevenido de los términos de manera que, entre tanto, la comunicación sea posible.
4- Este asunto lo he desarrollado en un artículo titulado “Presencia de lo Indígena en la Literatura Colombiana”. Revista Poligramas N° 16 Universidad del Valle Primer semestre del 2000
5- Orjuela Hector. Estudios sobre Literatura Indígena y Colonial. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá. 1986. Pág 47 . A partir de aquí sólo se citará el autor y año de publicación, los cuales se pueden confrontar en la bibliografía. En algunos casos se indica el número de página.
6- Nieves Oviedo. 1994
7- Véase a propósito de la revaloración crítica de este fenómeno las obras del profesor Alvaro Pineda Botero 1994 y 1999
8- Todorov, Tzvetan. 1991 Pág 11 y ss.
9- Roland Barthes. 1974
10- Universitas. 1979. Pág 7.
11- Hauser Arnold. 1994 Tomo I Pág 78
12- Walter J. Ong. 1994 Págs. 26 -27
13- La Biblia. 1976. pág. 7
14- Kean Roger Rivière. 1979. Págs 29 y ss.
15- Walter J. Ong. Pág. 25.
16- Eduardo Valentí. 1967 Pág x.
17- Elías Cannetti. Págs 356-357. 1994
18- Lienhard Martín. 1994-1995
19- Véase Krickeberg Walter, 1992. También Miguel León-Portilla,1972. José Luis Martínez,1979.
20- Greimás A. J. y Courtés. 1982. pág 165
21- Vásquez Juan Adolfo. 1978. Pp. 325-326
22- Crumley Laura Lee. 1990. pág 33.
23- Antonio Blanch, 1995 presenta un magnífico estudio en el cual igualmente se fundamenta y justifica la pertinencia y validez de trabajos de este tipo.
24- Niño Hugo. Literatura de Colombia Aborigen 1979
25- Niño , Hugo. Primitivos Relatos Contados otra vez1979
26- Gómez Cardona Fabio “Presencia de lo Indígena en la Literatura Colombiana”. 2000